
Se indigna con Satanás (Mt4,
10) Por intentar apartarlo de su misión, de aquello que Dios quiere
Con un espíritu impuro que poseía
a un hombre (Mc 1,25-Lc 4, 35) Porque Jesús no quiere que se le
reconozca todavía.
Con los fariseos y los
partidarios de Herodes (Mc 3,5) Se indigna por la dureza de su
corazón, al anteponer la ley a la persona.
Con el aire y el mar (Mc
4,39; Mt 8, 26; Lc 8,24) Los elementos simbólicos que traen el caos al corazón
de los discípulos.
Con los discípulos (Mc
4,40- Mt 8,26 – Lc 8,25) Por su cobardía y falta de fe.
Con Pedro (Mc
8,33-Mt 16,23) Jesús lo llama Satanás, porque se comporta como un demonio,
quiere apartarlo de la misión que Dios le ha encomendado. También es una manera
de devolverlo al sitio que le corresponde, el de discípulo.
Con un espíritu maligno (Mc
9,25-Lc 9,42) Increpa al espíritu maligno (demonio) para que saliera del
muchacho.
Con los discípulos, con el padre
del muchacho y con la gente en general (Mc 9,19- Mt
17,17 –Lc 9,41) Jesús se enfada con todos ellos porque no entienden nada de lo
que ha estado haciendo, no tienen la fe suficiente para comprenderlo. Son según
sus palabras una generación descarriada.
Con los que buscan con que
acusarlo (Mt 12,34) Se indigna con aquellos que buscan como
acusarlo, que tienen el corazón lleno de soberbia y de odio, no acogen el plan
que Dios tiene para su pueblo y rechazan el Reino de Dios.
Con los que ocupaban el Templo (Mt
21,12-13-Mc 11,15-Lc 19,45-Jn 2,13) Se enfurece cuando ve que en vez de un
lugar de oración el Templo se había convertido en lugar donde comerciar con el
beneplácito de las autoridades religiosas.
Con la Higuera (Mt 21,
18-19 – Mc 11, 14) Se indigna con la higuera, como representación del pueblo de
Israel. En este pasaje Jesús maldice a los sacerdotes que no dan fruto, a pesar
de que el pueblo intenta ser fiel a la escritura.
Con los indiferentes y los no
compasivos (Mt 25, 41-43) Dios será misericordioso con aquellos que
también lo son con sus semejantes. La indiferencia hacía los que sufren Dios no
la olvida.
Con los discípulos por su abuso
de poder (Mt 19, 13-14 – Mc 10, 13-14 – Lc 18, 15-17) Los
discípulos haciendo gala de su “poder” intentan impedir que unos niños se
acercaran a Jesús para ser bendecidos. No querían que lo molestaran unos
nadie.
Con los fariseos y los maestros
de la Ley, por su hipocresía (Mt 23, 13-33 – Mc 12, 39-52 – Lc 11,
38-54). Estos ponen unas cargas muy pesadas al pueblo y la gente sencilla que
por mucho que se esforzaran no podían cumplir, por lo cual muchas veces eran
excluidos del Templo. También porque a veces predicaban una cosa y hacían otra.
Con las ciudades incrédulas (Mt 11,
20 – Lc 10, 13-15) Jesús hizo muchos milagros en Corazín y Betsaida pero su
gente seguía sin convertirse.
Con Jaime y Juan por querer
vengarse de los samaritanos (Lc 9, 54-55) Porque quieren vengarse de los samaritanos y hacer que caiga fuego del
cielo para que se consuman, por no haberlos acogido (prepotencia)
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Jesús se indigna con Satanás y los espíritus impuros, con los
fariseos, maestros de la ley y herodianos, con los elementos, con las ciudades
incrédulas, con los que no tiene fe, con los indiferentes, con los no
compasivos, con los que ocupan el Templo para hacer negocio, incluso con una
higuera.
Pero con quien más se enfada es con sus discípulos, sobre todo con
Pedro, al que llega a llamarlo Satanás.
A pesar de haber estado con él durante
mucho tiempo, los discípulos todavía no consiguen entender al maestro, no tienen fe: No dejan
acercarse a los niños o quieren pedir que baje fuego del cielo para arrasar un
pueblo de Samaria.
Con los fariseos y maestros de la ley por su dureza de corazón y
porque anteponen la ley a la persona, no han entendido el mensaje de Dios,
buscan acusar a Jesús, porque tienen el corazón lleno de soberbia y no acogen
el plan que Dios tiene para el pueblo.
En resumen, con todos ellos se indigna porque de alguna manera quieren
apartarlo de su misión o se aprovechan de los más débiles, oponiéndose
con ello a la construcción del Reino.
La indignación de Jesús es fruto del
Amor hacia los hombres, reflejo del Amor que Dios tiene por sus hijos
Todo aquel que se opone a la
construcción del Reino, se opone a la voluntad de Dios, que no es otra que la
Vida plena de hombres y mujeres: quiere la salvación de todos.
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